Los reflejos del tiempo
arremolinándose en mis tobillos eran espirales infinitas. Yo corría
tan rápido como mis pulmones me permitían para alejarme del lugar
donde yacían conmovidos multitud de recuerdos y noches de desvelos
junto a un amor que no correspondía, junto a él. Aún podía cerrar
los ojos y verle, ver su rostro amable recontándose en sombras sobre
la oscuridad de la habitación donde compartieron tanto y donde tanto
amor fue puesto en cada beso.
Mis pies descalzos me proporcionaron el
dolor suficiente para recordarme que estaba viva, que ni soñaba ni
moría. Cuántas historias hechas jirones, cuántos momento por
compartir. Cuánto y nada se agolpaba en mi conciencia. Mis cabellos
ondulaban en la noche, agitados, como mi corazón y mi alma, rotas en
pedazos lo suficientemente grandes como para cargar con ellos en la
noche de la huida.
No tenía a donde ir ni donde
resguardarme. No sabía qué sería de mí mañana y aun así corría
con decisión fuera de la casa del miedo y las dudas, cobarde. Tan
solo había un nombre que resonaba en mi cabeza como un susurro:
Rameses. El mañana traería sus renovadas cuestiones y
preocupaciones mas ahora he de centrarme en atravesar los límites
del bosque. Debía encontrar un lugar donde hospedarme, un techo bajo
el cual recostarse y dormir, cuando estuviera ya lejos de allí.
Pronto las calles secundarias dieron
lugar a la avenida principal del poblado, muy lejos ya de la casa de
Mike. Extremó las precauciones y dejó de correr para no llamar la
atención. Aunque su color violáceo no fuese un gran aliado para
ello. Había varios transeúntes en la noche. Probablemente fuesen
jóvenes que volvían de pasar la mayor parte de la noche en algún
pub con sus amigos. Viola caminó con cautela, sin mirar a nadie a
los ojos, sin mirar directamente. Sostenía con su mano derecha el
vestido, que colgaba desde sus hombros, se ondulaba en sus caderas y
bailaba libre con su caminar, a la altura de sus piernas. Este gesto
era muestra de su nerviosismo, del nervio que recorría todo su
cuerpo y la tensión que iba contracturando su espalda y haciéndola
más rígida por momentos. Giró un par de veces a su derecha,
buscando la salida del poblado. Se cruzó con varios gatos que le
maullaron, con su consecuente susto y respingo. Comenzó a caminar
sobre las puntas de sus pies, con gracia. El lugar se
aproximaba, el lugar estaba al llegar.
Y es que viola no tenía ninguna
intención de caminar y caminar hasta llegar a su destino, no. Viola
escondía secretos en su pecho de recital, en el habitáculo de su
corazón musical. Alzó la punta de sus pies, suspendiéndose en el
aire, bailando con gráciles gestos, girando con los ojos cerrados.
Justo en los límites del poblado, los cuales no podría atravesar
sin un visado, Viola comenzó a observar un torrente de luz que se
agolpaba frente a ella. Tras unos segundos después de los primeros
tenues destellos Viola alzó sus manos y, con las pupilas de sus ojos
dilatadas, abrió un portal que le llevó... muy muy lejos de allí.
Una vez hubo introducido su cuerpo en el óvalo de luz éste se
estremeció y desapareció con la rapidez con que apareció.
Viola viajaba por un agujero de gusano,
agasajada por el cantar de los violines, agasajada por el trino de
sus instrumentos hechos a mano.
-Viola...¿Dónde estás?

No hay comentarios:
Publicar un comentario