¿Cómo puede
uno continuar cuando le han arrebatad todo lo que es? ¿Se puede uno sentir con
ganas de deshacer el techo de su habitación y poder llorar junto a la lluvia?
¿se puede?
¿Puede uno
pertenecerse a uno mismo cuando todos los pensamientos que alberga pertenecen a
la otra persona?-Mike susurraba todos estos pensamientos deshilvanados mientras
permanecía tumbado, boca arriba, sobre la cama que había deshecho la noche
anterior junto a Viola. Desaparecida.
Su pequeño
corazón palpitaba en su pecho, como llorando en un tono muy bajo, para que Mike no le
escuchara. Sin embargo Mike no podía parar de llorar sin cesar. Se sentía desvalido,
indefenso, raquítico sobre aquella cama. Impotente e incapaz de cerrar la ola
de lágrimas que se desparramaba por toda la cama, incapaz de levantarse y
seguir.
Lloraba,
mirando al techo lloraba sin cesar. Pronunciando el nombre de Viola entre
sollozos, su descarnado corazón sangraba como un pájaro herido.
El viento entraba
por el ventanal de la habitación de
Mike, a través de unas cortinas de color crema. Le daban un tono cálido a la
habitación, a la vez que dejaban pasar la luz con facilidad, iluminándola. La
brisa se colaba entre la barandilla del ventanal y calmaban el calor que la
pena estaba produciendo en el hombre que se encontraba tumbado en mitad de la
habitación, observando el techo sin mirar realmente.
Comenzó a
moverse levemente después de haber permanecido así por horas. Y se movió para
peinar sus cabellos. Cuidadosamente, los peino con las yemas de sus dedos,
tratando también de calmar la pena y dormirla aunque solo fuera un momento. Es
peligroso ingerir una cantidad de tristeza muy grande. Sobre todo cuando se la
va dejando libre, cuando sale. Puesto que es una tarea que puede destrozarte
por dentro, desgarrarte y desollar tu interior. Hay que tener muchas
precauciones con el dolor, al fin y al cabo.
Al fin, Mike
levantó su cuerpo entumecido por el dolor. Posó la planta de sus pies en el
suelo, comenzando por la yema de los dedos, con cuidado de no caer redondo
sobre el suelo. Temblaba levemente y, aunque ya no sollozaba con la violencia
que lo hizo, aquellas grandes lágrimas seguían rodando por su pálido rostro de
tez aterciopelado. En el interior de Mike alguien, sin previo aviso, había
apagado las luces y había cerrado la puerta con llave. Dejándole completamente
solo y con miedo. ¿Qué sería de él ahora? ¿Qué de su pobre alma y aquel gigantesco agujero?
Mike, ojalá estés oyendo mi pena, ojalá
sepas el dolor que albergo por tener que marcharme así. Ojalá sepas que llegué
a quererte, a amarte… Y eso me dio miedo.
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