jueves, 10 de abril de 2014

El egoísmo de los reinos de las cumbres borrascosas-The Unknown

Los años se sucedían en lo que parecía ser la tregua de las naciones del este. Todos disfrutaban de la paz y, con ella, el silencio y preludio de algo terrible que se cerniría sobre aquellos días de felicidad y esparcimiento. Los reinos de las cumbres borrascosas eran un conjunto de ciudades establecidas en la cumbre de las montañas de las que emanaba un codiciado poder. Poder que no existía bajo la ignorancia de ningún ambicioso ser que  merodease la zona. La tregua se pactó entre los 5 reyes de las cumbres y los habitantes de las zonas más agrestes del éste, los habitantes del desierto de Anán. Zona que se situaba entre las lindes más meridionales del este y las fronteras de la esfera celeste del poblado de gentes habitando en ocre.
Los rumores acerca de maldiciones, de conjuros malignos y malignas intenciones se esparcían sobre las colinas de aquellas montañas hasta llegar a oídos de la familia real. Aunque hasta el momento carecían de concreciones ya se había trazado un plan para sobrevenir el golpe de aquellos nigromantes ávidos de poder, aunque aquel plan no dejara ilesos los intereses de todos y ni mucho menos respetara el divino destino de tal divina familia.
El olor de la guerra se acercaba y el nervio en el aire se palpaba. Era como una sirena que no paraba de sonar, describiendo la tensión de aquellos que horribles decisiones tendrían que tomar. ¿Quién nos mandaría la sangre azul ostentar? ¿Quién nos mandaría reinar bajo esta naturaleza divinal? ¿Acaso los dioses, fruto de las guerras, bajo la desgracia se ven arrodillar?
¡Mis rodillas no han de rozar el albero, ni posarse al menos!-Retumbaba la ira y el miedo entre los muros de cristal azul turquí en los aposentos reales-.





En sus ojos una lágrima,                                                                                                                           en el pensamiento un anhelo,                                                                                                                              en el corazón dagas de cristal                                                                                      
y en su tez de tinte moreno
el recuerdo de lo que pudo ser      

y nunca será.

No hay comentarios:

Publicar un comentario