Mike se levantó de su silla. Yo había
entrado en la habitación para verle tocar, para meterme dentro de
sus ojos llenos de mar. El desconsuelo se batía en duelo en el
interior de su alma y yo me limitaba a mirar como eso se daba lugar.
Mike, cuando te vi por primera vez no eras
más que un desconocido, un ser extraño a mí. La voz de mis
pensamientos se fundió en desconsuelo, se hizo un gemido, se
derritió y desapareció entre la bruma de mis emociones. Lo que no
sabía es que tú tenías planes para mí, que tu estabas ahí cuando
yo caí del cielo por alguna razón. De nuevos más voces quebradizas
en mi mente. Mientras todo esto se sucedía tu ya estabas frente a
mi, mirándome y envolviéndome en el mar de tus ojos, como por
sorpresa, como de improvisto, con aquellos preciosos ojos.
Posaste tu mano derecha e mi mejilla,
acariciándola con carillo, y miraste a mis ojos con una
interrogación en el mirar, como buscando una respuesta en el fondo
de mis pupilas. Tus ojos se tambalearon, miraron en varias
direcciones y se volvieron a centrar en el fondo de mi ser,
escudriñándome, desnudándome. Posaste tu otra mano sobre mi cadera
y me trajiste hacia ti. Había un extraño brillo en tus ojos y yo
no pude escapar al misterio que ellos abarcaban, al misterio y la
incógnita que tu presencia entera me suscitaban. Al tiempo que tu
mano sobre mi cadera se aferró con firmeza, comenzaste a besarme.
Derrochabas pasión y yo permanecía inmóvil ante ti, como
paralizada ante tus actos. Me besabas y el sabor era delicioso, me
estabas envolviendo con tus carnosos labios y el tacto era
irresistible. Te separaste por un instante de mis labios enrojecidos
por tu furia y tu lacerante pasión. Los mordiste. Besaste mi cuello.
Acariciaste mis pechos. Me quitaste la ropa con sumo cuidado, con
calma. Yo estaba allí, frente a ti, completamente desnuda.
Completamente desarmada en cuerpo y alma. Tu me tenías frente a ti,
con mi ser sobre tus manos, con mi corazón en tu boca. Tu lengua
recorría todo mi cuerpo. Me excitabas, me acelerabas, me hiciste
sentir cosas que nunca antes había experimentado. Tu y yo, tumbados
sobre la cama, desnudos. Recuerdo muy bien cómo me mirabas, cómo me
miraste cuanto entraste de repente en mí. Yo gemí de placer, como
enmudeciendo en ello. Con un sonido apagado en el silencio, siguiendo
tu ritmo. Seguí a tu cuerpo, a tus caderas junto a las mías. Presa
de tus manos entrelazándose a mí. Presa de ti, de tu rabia y tu
pasión, me hice una contigo, me uní a ti por un instante de
eternidad. Hiciste de mí tu propiedad. Me hiciste tuya en el mismo
instante en el que entraste en mí.
Y ahora que has maldicho todas mis
noches no puedes salir de mi mente, de mis deseos acallados, de la
pasión prohibida que por ti siento.
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| Pictures from "Things we lost in the fire"-BASTILLE |

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