Rameses recostó a la
chica sobre su cama y le tomó la temperatura. Él, en otro mundo, fue
médico , así que no le supuso mayor problema darle los cuidados auxiliares que la chica necesitaba. Estaba
deshidratada y parecía que hubiera estado caminando por días, como si se
hubiera escapado de su hogar.
Pasado un tiempo la chica despertó y se incorporó sobre el
camastro. Paseó la mirada por la
habitación y pudo
encontrar a Rameses preparando un
té con
dedicación en el gesto. Le llamó con voz
entrecortada pero no hizo falta
que pronunciara gran cosa. Rameses
ya se había situado frente a
ella con un tazón humeante
de té. Se lo entregó
sin decir palabra y
permaneció mirando a Emma beberlo
sorbo a sorbo y tranquilizarse.
Tras haber dejado pasar los minutos pertinentes Rameses
formuló una sola pregunta : ¿Estás
pensando en volver a
casa? Ella negó con la cabeza
y contestó con un simple “No existe
la posibilidad de volver a casa”. El hombre no hizo más preguntas aunque
las tenía.
-Podrías
tener una segunda oportunidad, llamar a casa
y hablar con tus padres- Dijo- Estoy seguro de que tus padres ya están preocupados.
Pero fue el
silencio lo que obtuvo como respuesta. Y
eso fue suficiente para iniciar
la nueva vida que Rameses había planeado sobre la
marcha.
Aquella
noche llovió copiosamente. Llovía en los ojos de Emma
y en los campos de trigo
y arrozales. Emma se quedó dormida sosteniendo con fuerza la almohada
entre sus manos, Rameses durmió en el suelo, entre mantas de un gran grosor.
Lo que no sabía Rameses era a cerca del vínculo sagrado que , desde
aquel día, se estaría fraguando. Muchas fueron los días que pasó cuidando de la
niña, muchos que pasaron de largo con
rapidez. El día se suspendía en un
columpio, la noche se desvanecía de los acantilados . Y, con el
transcurrir del tiempo, el lazo se fue robusteciendo… Haciendo que los cielos cambiaran su
dictamen y retando al destino en sus caprichos.
La noche esconde el misterio,
Que bajo las faldas del día se esconde.
El destino se estremece
Con la perseverancia de los hombres
Y la grandeza que puebla su reino.
En lo
ancho y largo del reino
Donde habita el desconocido.
Aquel ser tan extraño y tan cercano,
Aquel ser aparentemente mundano
De interior nada profano.
Aquel que no puedo poseer
Y que albergo sin entorpecer.
La belleza habita por donde la quieras ver,
abunda por doquier. Mas solo el que camina hacía la sabiduría habita entre belleza noche y día.
Aquí les dejo un vídeo donde sale Rameses :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario