sábado, 29 de junio de 2013

Una Imaginación hermosa. Amalia y su árbol de rosas.

El pueblo no recordaba.
Tan solo veía plomizas tierras y en plomizas tierras creía.

Había algún tipo de sistema que de alguna forma nunca dejó de funcionar.
Su existencia fue colmada de la amnesia de los habitantes habitando en ocre
pero eso nunca pudo maquillar su poder ni magnitud.

...Aunque había una chica que, sin saberlo, sabía de su existencia.
Y su de existencia esa chica gozaba.

La chica de la que os estoy hablando lucía pecas día sí día también.
Guardaba nueces en sus bolsillos y sus bolsillos nunca vaciaba en público.
Cuando despertaba
y siempre que dormía
acostumbraba a tocar la punta de su nariz
para comprobar que todo estaba en su lugar.

Y sus costumbres nunca fueron advertidas  por los pobladores de un pueblo con mucho sueño.

Amalia era la chica de piel pálida
La chica de los aviones de papel
La chica de nueces en los bolsillos
y bolsillos que nunca vaciaba en público.



Amalia era generosa a la hora de regalar imágenes imaginarias.
Sabía que las ideas llegaban al alba para despertarla
y el resto del día, mientras disfrutaba de sus magdalenas, las ideas elaboraba y las devolvía.
Era algún tipo de generosidad que nadie  comprendía
y que a nadie servía.


Pero estas impresiones las carga el diablo...


Amalia tenía un enorme ciprés en su jardín.
Todo el mundo lo veía gris.
Y probablemente gris luciría...
...Aunque únicamente Amalia de VERAS lo veía.


Amalia adoraba los aviones de papel y con corcel los tendía.
Era el ciprés áureo que  de rosas áureas nunca prescindía.


Y las vías de ideas y energías cruzaban y entrecruzaban el lecho celeste del pueblo...
...Aún sin saberlo o poder quererlo.

Amalia nunca estuvo dormida.Y es curioso.

Por que Amalia
en apariencias
nunca despertaba.


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