Éste será el lugar donde vuelque el resultado de algunos proyectos ya realizados(tanto libros de ilustraciones como páginas de cómics, ilustraciones sueltas y las cosillas que vaya haciendo y considere de interés),informe sobre colaboraciones, concursos a los que me presente...etc y dónde pondré algunos textos que me vayan surgiendo con los que espero poder emocionARTE.
sábado, 8 de junio de 2013
Cuentos de la Tierra y del Mar.
Y al principio el agua era tan perezosa que decidió quedarse dormida sobre la helada.
Tan perezosa para pensar como para sentir que algo iba mal.
Se estaba quedando dormida y... ¡Eso nada bueno podría traer!. Aunque sus ojos se cerraban casi como las hojas de otoño caen inexorablemente sobre el jardín de tu casa. Colmados de un deseo de paz inmensamente necesario.
Madre Tierra acunaba en su lecho todas las gotas de agua como si de sus hijas se tratara. Ella sabía de las inseguridades y miedos de Aqua. Y por ello le narraba preciosos cuentos de hadas al anochecer.
Cuidando de su hija. Cuidando de no verla morir víctima de sus propios e imaginarios miedos.
Aquellos relatos estimulaban su conocimiento y la calmaban. Aqua pensaba que,en su estancamiento, terminaría por llegarle la muerte. No le gustaba permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio. El dinamismo le resultaba excitante a la par que divertido.
Pero lo que Aqua no sabía era que los susurros de su Madre en cada noche se harían tan reales como sus olvidados sueños de infancia.
Cuando Aqua comenzó a ver crecer preciosos seres de su vientre todos sus miedos se fueron por la misma miserable puerta por la que entraron.
¿Qué importaba cómo comenzaron a actuar en aquella mascarada?
¿Qué importaban preocupaciones que pretendían rizar los ya preciados rizos de ricitos de oro?
Y Madre Tierra sonreía con los progresos de su hija. Una hija que engendraría a la misma Madre que susurraba cuentos cuando la luna venía a vernos a través de la ventana.
La mujer abrió los ojos pero...
Aunque seguía sin ver gran cosa...
A contraluz pudo notar que había una venda de algodón cuidadosamente colocada sobre sus ojos.
¿Por qué comenzaba a haber objetos en la misma estancia que años atrás parecía miserablemente vacía?
No encontró respuestas la mujer vendada.
Pero tampoco importaban las respuestas ahora.
Y comenzó a verse la danza de algunas coquetas notas de una flauta que parecía provenir del otro lado de la jaula de trazados angulosos y disformes...
¿Puedes oír la música?
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