Los días y las noches se sucedían como uno solo, como un ciclo monótono y condenado eternamente a retornar.
La mujer suspiraba aún sin saber por qué.
Pasaba sumida en su eterno retorno sin mayor pena ni mayor gloria. Era una estancia pausada, como inerte...
Peinaba con cuidado sus cabellos,cuidadosamente posados sobre su hombro derecho.
Nunca los había acariciado con tanto cariño. Ni si quiera los recordaba tan sedosos.
Aunque el anhelo no hacían de su cabello un consuelo...
Y menos aún el no recordar el por qué de su añoranza.
¿Hay algo más desconcertante que suspirar sin hallar culpable?
La mujer permanecía enjaulada en aquella preciosa cárcel.
Una cárcel hermosa ... De trazados angulosos y disformes.
Y su visión se fue alejando en mi mente. Ella parecía, cada segundo, un milenio más lejana.
Como revoloteando lejos del Caos en el que nos sumían el día y la noche.
Ella pertenecía a algún lugar muy lejano a mis pensamientos...
Y muy cercano a mis sentimientos.
Ella era para mi...como el origen del mismo Cosmos.
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