Las gentes caminaban sin rumbo predeterminado. Y sus ojos habían perdido un hermoso horizonte al que mirar.
No recordaban qué había podido pasar para que todo aquello se hubiera dado lugar.
No recordaban por qué.
Y el por qué a otras preguntas les podrían llevar.
Sobre sus cabelleras se entrelazaba una pregunta de evidente respuesta pero de no tan evidente
presencia.
¿Había sido siempre ese poblado un lugar resignado y hastiado?
Ya no sólo se cuestionaba la travesía de los colores...
...Ya no se trataba de reclamar la vuelta de lo hermoso fugado.
Era una pregunta que iba mucho más allá de las notas de aquel piano.
¿Cómo comenzó todo?
¿Era justo vivir en un sitio alejado sin ni siquiera haber elegido ser expulsados?
Y las ideas volvían al subconsciente de las mentes que...
...Por alguna necesidad relevante
comenzaron a creer en luchas de elefantes y gigantes...
Cuando nunca existió esa lucha. Nunca la culpa, el error o el castigo.
Y todo atiende a algo mucho más grande.
Del plomizo albero de las calles comenzaban a emerger diminutos halos de luz.
Y los transeúntes aún sin intuir nada.
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