De alguna forma todo estaba en su mente.
La gente no la reconocía y sus estados eran cambiantes.
Se decía a si misma constantemente que echaría de menos todo aquello que fue.
¿Echaría de menos los errores del pasado?
¿Echaría de menos los momentos trágicos en los que algún desconocido inesperado aparecía con un cleenex y le contaba historias que le hacían volver sonreír?
De alguna forma, todo ese tipo de miedos pertenecían ya a otra dimensión.
Y cuando veía las consecuencias de sus salidas de tono...
...Y las consecuencias sobre ella misma...
...Apartaba con cuidado toda clase de melancolía y volvía su empresa.
*
*
*
La mujer seguía habitando la jaula y en la jaula muchas cosas habían cambiado.
Comenzaba a oír relatos sobre hechos pasados.
Relatos que sobrepasaban los límites de la vida.
Los límites entre los cuales los dormidos enmarcan la vida.
Ya no había lágrimas entre sus pestañas.
Ni siquiera un dolor incomprendido.
Había visto todo
por que TODO lo había querido.
Y todo lo visto había traído Caos al interior de su "morada".
Un Caos que nunca fue invitado
pero nunca fue tan bienvenido como cuando mostró sus secretos.
La mujer se había separado del Piano. Ella era ahora poseedora de realidades parciales.
De realidades marciales y lunares. Aunque la prudencia cultivaba entre sus plantas más preciadas.
Y el Silencio por ella hablaba.
De pie. Se mantenía firme dentro de aquel lugar.
Acariciando la piel de su brazo,
como intentando calmarlo de lo que iba a pasar.
En el espacio que abarcaban sus pies no corría el aire.
Las brisas temían rozar la raíces de aquel árbol.
Sus cabellos ondeaban con urgencia.
Pero en la estancia el aire no se arremolinaba.
En la estancia el aire ya no entraba
por que el aire de ella emanaba.
Y en su mente catástrofes desechaba.
Quería protegerlos a todos...
...Y a nadie aún conocía.
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