domingo, 9 de junio de 2013

Los Chicos del Color.

Jaume era un humilde artesano. Su pan de cada día era plomizo y pesado.
Repudiaba tanto la comida como amaba el color de las especias.
Sus manos no habían conocido descanso, ni caricias...
Sus manos comulgaban con los cayos y rasguños
que desde algún olvidado día...Comenzaron a poblar su vida.

Jaume era el chico más pequeño de aquel gran poblado.
Nunca fue admirado.Nunca fue considerado. Y menos aún fue elogiado.

Cada mañana, a las 11: 30 en punto de todos los días de por siempre jamás, Jaume arrastraba la carreta desde su huerto hasta el mercado.
El descanso era una palabra que, suspendida en el aire, nunca se materializó en sonrisas ni brisas.
Y entre hortalizas nunca y tubérculos Jaume nunca vio en el mercado más que plomizos rostros embadurnando sus bolsillos con hastío y sus sacos con plomizos alimentos.

Por las noches el plomo olvidaba sus pesados pensamientos y miraba el cielo.
Jugaba a imaginarse de deliciosos cabellos dorados. Jugaba a imaginar galaxias en su mente.
¿Era eso belleza?
Jaume no sabía como poner nombre a sus noches de silencio y retórica.
Lo único que sabía era que cada mañana se despedía de las estrellas con  lágrimas en los ojos.
Para luego, cada noche, reencontrarse con su eterna y amada Luna.
Aquella preciosa Luna que jugaba a acariciarle el rostro con velos de seda.


No sabía poner nombre a sus noches.
No sabía nada  y sentía tanto..
¡Tanto!
Que las palabras perdían su insípido protagonismo.
Como perdidas en la tormenta de estrellas. Como sumidas en el Caos más hermoso que Jaume nunca supo explicar.



Y la miel de sus ojos me hizo oler a miel cuando el sol se ocultaba...




Lo que Jaume no sabía...
...Era que él iba a ser uno de los grandes.
Grande, tan grande como la empresa que había venido a emprender.


<<Los chicos del Color>>

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