Cantaba pero sin oír a penas su voz. Era un susurro entre la tormenta. Era un murmullo en mitad de aquellas atormentadas almas.
Pero en su mente, las notas sonaban con claridad.
Había un Piano espléndido bajo sus manos. La venda parecía gasa de pura seda. Ella sabía perfectamente que sus ojos no estaban cegados, tan solo habían sido cubiertos con cuidado.
Ella cantaba desde el piano...lloraba...cantaba.
Era un alma atormentada por el pasado.
Espera. ¿Pasado?.
¿Qué es el pasado? ¿Qué es?
Ella lloraba desconsoladamente. Y era tan solo las yemas de sus dedos uniéndose y separándose levemente de las teclas de aquel piano lo que evitaba que su pena la desparramara por el suelo. Como el beso que despertó a Blancanieves. Ella. La mujer vendada en los ojos. Ella... Estaba más cerca que nunca de dar con la tecla del piano.
La tecla mágica. La que daría comienzo a un espectáculo digno de admiración.
El Aurora boreal danzaba con elegancia en su mente.
Y... Poco a poco,
Mucho a mucho,
todos estaban intuyendo la misma danza sobre sus cabezas.
Un espectáculo digno de ver.
De ver con el corazón.
Bajo la venda, sus ojos...
estaban muy cerca de mostrarse al pueblo entero.
Aquel pueblo que viró su mirada hacia la jaula...Hacia aquel objeto tan pequeño... De trazados angulosos y disformes.
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