domingo, 14 de julio de 2013

No es mera casualidad nuestra coincidencia en el espacio y el tiempo. ¡Y el tiempo es oro!

Corrían rumores sobre la historia de Elena Bosch Ruiz. Las gentes hablaban de ella y recordaban sus palabras y el cúmulo de coincidencias temporales que, junto a ella, se daban.

Pero su conocimiento era plenamente comprendido. Su estancia en la Tierra era la última.
Y última fue esa vida como humana. Sus más tiernos deseos eran poder llegar a ser como un gran árbol al que la gente se acercaba a pedir consejo. Y sus deseos se hicieron realidad.
Ella se convirtió en el viento.
Y los humanos podían olerla con la brisa de la mañana.

Fue un ser sensible y con algún tipo de bondad que no todos comprendían.
Ella, a veces, se moría de miedo al pensar en lo que le esperaba más allá.
Pero tenía miedo de sus propios deseos, olvidados deseos de infancia.

Sumo era el respeto que ella misma se debía.
y aunque ella a todos quería
lo que más quería
 y por encima de todo
era la verdadera y erudita iluminación.

"Por que somos seres de luz"

 Los rumores no eran meras divagaciones o especulaciones.
Era conocimiento verdadero. Conocimiento logrado y practicado.
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Ella admiraba y empatizaba con Leonardo da Vinci.
Le comprendía y con comprensión le leía.
Se hizo de él un mito. Y su mito fue creciendo.

¿Sabéis cuál fue la clave de su genialidad?
Leonardo hacía aquello que de veras le interesaba.
Dibujaba lo excepcional, lo grotesco y la genialidad de rostros inusuales dibujaba.
Era un hombre sumido en silencio que hablaba con los animales.
Y el día de su muerte Florencia entera lloró.

Fue un Genio.
Dibujaba lo que "no se ve". Inventaba e ideaba en su mente.
Como cosiendo ideas.


Elena Bosch Ruiz vivió una vida larga y feliz.
Fue muy longeva. Y sus años de vida ascendían a MÁS de 81.






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