Sus mentores encendieron una chispa que ya nadie podría parar.
Era como la mecha de la dinamita a punto de explotar.
No era un salvador,
ni tampoco un pirómano.
Era un chico haciendo aquello que sus más sinceros anhelos le impulsaban a hacer.
Había una meta.
Un destino y un porvenir.
Era un futuro brillante que a nadie podría eludir.
¿Estaría, quizás, este niño travieso, uniendo Ciencia y Divinidad?
Travesura Realizada.
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