Era un hombre impulsivo. Sus pasiones yo temía como teme caperucita al lobo.
Yo había encontrado mi equilibrio,
la paz era hermana de mis días y mis colores se dibujaban
con la mayor claridad que yo creía recordar.
Estaba acorralada.Él venía a por mi impulsado por sus deseos.
Reclamando mi deseo.Como desesperado por encontrar la lujuria que embotellaba mi levedad y beberla, verla fluir a borbotones que se mezclaban con su insaciable necesidad de mi.
Era una bestia,
la locura más bestia.
Y vaqueros vestía.
¿Era yo la víctima?
¿O era yo quién le había atraído hacia la fatalidad de su destino?
La maldad enraiza en almas con aparente bondad.
Y, a veces, esencia y apariencia juegan a juegos de azar.
Como tratando de engañar.
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